Tanto si has solicitado el ingreso mínimo vital como si ya eres beneficiario, seguramente se te haya planteado la duda de qué ocurriría si encontrases trabajo, o bien, ya lo has conseguido y no tienes claro qué sucede con el cobro de la prestación.

Encontrar un trabajo no supone ningún inconveniente, podrás seguir disfrutando de la prestación, En todo caso, la única obligación que tienes es la de informar a la Seguridad Social del cambio en tu situación dentro de los 30 días naturales a la incorporación al trabajo. Este trámite puedes realizarlo fácilmente desde el servicio de comunicación de variaciones del IMV.

Con el fin de que la percepción del ingreso mínimo vital no desincentive la participación en el mercado laboral, éste es compatible con las rentas del trabajo, y además existen incentivos de forma que el salario que cobres no se restará íntegramente del importe que percibes, ya que una parte de esos nuevos ingresos que obtengas no computarán para el cálculo de la prestación, con lo cual tu renta total mejorará.

De este modo, se garantizará que tus ingresos totales finales (salario o ingresos como autónomo/a + IMV) sean mayores. Esto se hace para no desincentivar la inserción laboral y evitar la «trampa de la pobreza»: elegir entre aceptar un empleo o cobrar una prestación. Y también para evitar que que las personas acaben siendo víctimas de la economía sumergida. 

Por lo tanto, es posible compatibilizar un trabajo a tiempo parcial con el cobro del IMV, pudiendo ingresar mensualmente la suma de ambas cantidades. La regularización del importe, se llevará a cabo a finales de año con la revisión de tu situación conforme a la declaración de la renta correspondiente a ese año.

Por ejemplo, si empiezas a trabajar en 2022, no tendrían en cuenta esos ingresos hasta que cotejen los datos de la declaración de la renta que se haga en 2023, por consiguiente, hasta finales de ese año no ajustarían el importe que te correspondía haber estado cobrando.

Recordemos que la declaración de la renta se realiza sobre los ingresos del año anterior. Es decir, que la que se presente en 2022, es sobre los ingresos de 2021, y así sucesivamente.

Pongamos el caso de una persona que en 2022 perciba 450 euros del IMV, y cobre otros 350 euros por su empleo. Podrá disponer mensualmente de 800 euros, y cuando revisen su situación a finales de 2023 de acuerdo a la declaración presentada, una parte de estos ingresos serán tenidos en cuenta a la hora de calcular el nuevo importe.

¿Qué ocurre si rechazo un trabajo?

Uno de los requisitos de acceso al ingreso mínimo vital consiste en figurar inscrito como demandante de empleo. Si bien la normativa no establece expresamente que el rechazo de empleos sea causa de suspensión o extinción de la prestación, el Gobierno ha mostrado su voluntad de que se habilite un margen para que este ingreso no incentive a los trabajadores a rehusar ofertas de trabajo. 

En cambio la normativa vigente si indica que será objeto de sanción grave no participar en las estrategias de inclusión que promueva el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, en los términos que se establezcan, y muy grave si ello se produce de manera reiterada. Las infracciones graves se sancionarán con la pérdida de la prestación por un periodo de hasta tres meses, y se elevaría hasta seis en el caso de las muy graves.

Recordemos también que la percepción de la prestación lleva implícita la suscripción de un acuerdo por el cual se está obligado a realizar trabajos para la comunidad.

¿Y si ya estoy trabajando?

La percepción del ingreso mínimo vital es compatible con las rentas del trabajo, por lo que sería posible solicitarlo aun cuando la persona beneficiaria estuviera trabajando. Cabe señalar que mientras una persona trabajadora se encuentra afectada por un ERTE, la relación laboral se mantiene en vigor.

Mientras no se supere el umbral establecido, la prestación es compatible con otros ingresos, incluidos los laborales y los obtenidos por los trabajadores autónomos/as. Esto permite ampliar la cobertura de la prestación. No se dirige sólo a personas sin ningún ingreso o a personas desempleadas, sino también a personas y hogares con bajos ingresos y empleos precarios.

En el caso de que ya tengas un empleo, el importe de la prestación se adaptará a la cuantía que percibas por tu trabajo.